Hablar en público: ¿un expediente x?

AUTOr del post: JOSEP COSIALS

—Somos un proveedor de formación que apuesta por la innovación. Hacemos cosas diferentes.

—Entiendo, interesante… ¿Podrías darme un ejemplo de uno de vuestros talleres?

—¡Si, claro! Uno es el de, por ejemplo, habilidades para hablar en público.

—Hablar en público, ¿algo diferente?

(continuará)

 

Ésta podría ser una de las conversaciones que hemos tenido durante estos últimos años al ofrecer nuestros workshops a nuestros clientes o a nuestros partners como CETT-UB. Algo extraño sucede con esta necesidad formativa, digno de un expediente X. ¿Es un problema de expectativas? ¿Queremos ser mejores oradores de lo que podemos ser? ¿Es un problema de percepción? ¿Somos tan malos como pensamos? Las personas quieren ser como los gurús que aparecen en TED, que atraen la atención con la mirada o con un silencio, ¿es eso? Los proveedores de formación seguimos ofreciendo cursos, las personas nunca se ven suficientemente preparadas para afrontar esta situación y la rueda sigue girando.

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Las corrientes y las tendencias van cambiando: storytelling, el arte del monólogo, etc. Algunos dicen que la autenticidad es clave para enamorar cuando hablas a una gran audiencia o en una gran reunión. Sin embargo, otros opinan que la autenticidad hay que tirarla a la basura, no sirve de nada, hay que actuar y ejecutar unos patrones verbales y no verbales que, si se cumplen, funcionarán como un reloj suizo y saldremos victoriosos. Una gran cantidad de libros, cursos online, youtubers con éxito que tratan el tema, etc.

No reconocemos tener miedo en muchas otras facetas, pero hablar en público parece que social y culturalmente está bien aceptado

Muchas personas reconocen que es una de las situaciones que más miedo genera. Somos seres curiosos: no reconocemos tener miedo en muchas otras facetas, pero hablar en público parece que social y culturalmente está bien aceptado en, por ejemplo, una evaluación de desempeño o en una entrevista de selección, cuando toca hablar de lo que hay que mejorar. Recurrimos a este pequeño “defecto” en vez de reconocer muchísimas otras áreas de mejora que tenemos y a menudo escondemos bajo la alfombra. El New York Times publicó, ante en un estudio realizado a 2500 personas, que hablar en público era el miedo número 1.

Si tu oyente se aburre, aunque sea solamente un poco, por unos segundos, ante tu charla, cogerá el teléfono y sin dudarlo dirigirá su atención hacia algo más interesante, mejor explicado o más divertido que tú

¿Nos hemos vuelto locos con esto de hablar en público? Claramente no, tiene una explicación: la necesidad existía, existe y existirá, no sólo porque a veces no damos con la tecla o con el buen curso o formador, sino porque el contexto ha cambiado de una forma alarmante. La audiencia es más exigente, tiene millones de datos en su móvil y otros cientos que se generan cada segundo. Si tu oyente se aburre, aunque sea solamente un poco, por unos segundos, ante tu charla, cogerá el teléfono y sin dudarlo dirigirá su atención hacia algo más interesante, mejor explicado o más divertido que tú. Y tú te harás pequeño, hasta encontrarte en una sala en la que todos miran sus pantallas y de vez en cuando levantan la cabeza para decirte con un gesto condescendiente que sí, que te escuchan a medias.

Para un actor el miedo escénico no desaparece, aprendes a convivir con él. De hecho, aprendes a usarlo

¿Y eso cómo es posible? A menudo los actores saben que si no hay nervios y no hay sensación de vacío, no hay teatro. No se sabe ni cómo ni por qué, pero el público se dará cuenta de que algo falla, aunque el actor recite perfectamente su texto o ejecute los movimientos y gestos pre-fijados en el ensayo.

La fórmula para ser mejores hablando en público es muy sencilla y complicada a la vez: entrenar y ensayar encima de un escenario. Aprender a jugar con nuestras herramientas (el cuerpo, la voz, la mirada…) sin preocuparnos demasiado sobre el resultado.

Para aprender a hablar en público sirve de muy poco entender cognitivamente las pautas para hablar en público. Para eso están los gurús y las charlas en youtube, son muy buenos exponiendo ideas y no hay que quitarle mérito. Nos aportan conocimiento pero no aprendizaje. Y al acabar un curso de hablar en público a menudo salimos contentos porque hemos entendido cómo tendríamos que hacerlo para ser mejores oradores, incluso hemos practicado un poco y tampoco lo hacemos tan mal… (aunque en la próxima evaluación del desempeño, volveremos a incluir esta habilidad en nuestras áreas de mejora, por supuesto). Pero si de verdad queremos mejorar esta habilidad y quitarla del cajón de las excusas, hay que dejar la libreta y el boli de lado y poner a trabajar los recursos que tenemos. Algunos descubren que sus silencios funcionan, otros que hacen gracia encima del escenario sin decir ni una sola palabra, otros que transmiten confianza, unos se dan cuenta de que los errores que cometen son agradecidos por la audiencia, otros de que son “demasiado perfectos” y que el “querer hacerlo bien” no juega a su favor. Sólo necesitamos espacio y tiempo para que todo esto aflore. Espacio y tiempo, nada más.

Algunos descubren que sus silencios funcionan, otros que hacen gracia encima del escenario sin decir ni una sola palabra, otros que transmiten confianza, unos se dan cuenta de que los errores que cometen son agradecidos por la audiencia, otros de que son “demasiado perfectos” y que el “querer hacerlo bien” no juega a su favor

El workshop de Hablar en público que trabajamos en Pimood, contado en cuatro palabras, es el juego en el escenario. Así de simple.

Así que sí, había truco en la conversación inicial: trabajamos la innovación, pero sobre el cómo (metodología) y no sobre el qué (temática).

Tenemos una obsesión un poco absurda: nos gustan las aulas sin sillas

En Pimood entrenamos habilidades directivas desde el teatro (juego) y el coaching ejecutivo (reflexión) porque sabemos que los humanos aprendemos el 75 % de lo que hacemos contra el 5 % de lo que escuchamos (¡cuánto tiempo perdido!), porque sabemos que la diversión y la creatividad son un excelente motor de aprendizaje, porque entrenar es repetir, repetir y repetir, porque creemos en la observación y el feedback colectivo, y porque tenemos una obsesión un poco absurda: nos gustan las aulas sin sillas.

Utilizar tus miedos como el motivo para hacer las cosas, no para huir de ellas. ¿Te atreves?

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